INTRODUCCIÓN AL MUNDO MAYA

  • La Cultura Maya a estado presente en todo el territorio nacional, así como a la interacción regional con otras culturas como la olmeca, teotihuacana, azteca y mixe-zoque, entre otras.

    Esta diversidad cultural se ha registrado a través de las investigaciones arqueológicas en sitios como Q'umark'aj, Zaculeu, Iximche', Chuwa Nima' Ab'aj, Noj Peten, Topoxte, Tayasal, Nixtun Chich y muchos más.

    Para su comprencion Guatemala se divide en cuatro areas.

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    Tierras bajas

    un pequeño resumen de lo que encontraras en cada salon

    El departamento de Petén, localizado al norte de Guatemala, constituye parte de las denominadas Tierras Bajas del Sur del Área Maya. Región de variados ecosistemas con elevaciones que oscilan entre los 100 y 200 msnm. Toda esa porción de tierra, comúnmente conocida por su exuberante selva tropical húmeda, se compone principalmente de rocas de naturaleza sedimentaria aluvial y marina, de allí el origen calizo de sus suelos. Ese medio ambiente ofreció a los antiguos habitantes materias primas como arcillas (1) óptimas para la elaboración de diversas cerámica; minerales ricos en hierro como la hematita (2) para elaboración de pigmentos rojos; piedra caliza (3) empleada principalmente en la construcción y algunas herramientas; el pedernal (4) utilizado para elaborar herramientas y armas.

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    Tierras Intermedias

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    Esta región abarca los departamentos de El Progreso, Zacapa, Chiquimula e Izabal. Es una zona de transición entre el Altiplano y las Tierras Bajas con alturas entre los 200 y 800 msnm. Destacan dos biomas diferenciados: el Chaparral Espinoso con zonas áridas, bosques secos y baja precipitación pluvial; y la Selva Tropical Lluviosa de variados ecosistemas como pantanos, humedales y litorales marinos del Caribe. Esta región es atravesada transversalmente por el caudaloso río Motagua de donde se obtiene el jade (1) en forma de rocas y peñas (2), otros minerales como el cuarzo (3) y esquistos pueden localizarse en zonas montañosas. La tradición cerámica se caracteriza por las arcillas rojizas y anaranjadas empleadas desde la época prehispánica (5) y en la actualidad (6).

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    Tierras Altas

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    El altiplano guatemalteco está definido por la cadena montañosa que corre desde Chiapas hasta Costa Rica. Acá las cordilleras alcanzan hasta los 4,200 msnm, principalmente el cinturón volcánico que produjo un paisaje escabroso de suelos fértiles, profundos barrancos y extensos valles. La variedad ecológica se divide en dos biomas: al norte la Selva de Montaña hogar del quetzal, y al sur el Bosque de Montaña. La accidentada topografía originó una compleja red hidrológica de ricas arcillas para elaboración alfarera (1, 2, 3, 7 y 8) de tradición milenaria; abundantes rocas volcánicas como la obsidiana (4) altamente codiciado en la antigüedad para elaborar herramientas; esquistos (5), basalto (6) y el canto rodado encontrado a orilla de los ríos empleados en escultura y construcciones principalmente.

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    Costa del Pasifico

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    El litoral del pacífico es una amplia llanura delimitada al sur por el Océano Pacífico y al norte por las Tierras Altas, con elevaciones de los 0 a los 400 msnm. Producto de las cenizas volcánicas y de los ríos procedentes de las montañas la región se llena de suelos fértiles utilizados por más de 3,000 años ininterrumpidos. El paisaje costero ofreció arcillas con altas concentraciones de aluminio y hierro que permitieron elaborar en el suroccidente la cerámica Plomiza (1), o cerámicas más anaranjadas (2) del centro y oriente de la costa. Del mar se obtuvo las Concha Spondilus (3 y 6) de alta estima por las élites prehispánicas; el Caracol marino (4) y las Olivas univalvas (5) utilizadas en ornamentos o como instrumento musicales.

    Materiales Organicos

    Guatemala es uno de los países de mayor diversidad biológica del planeta, sin embargo su generalizado clima tropical dificulta la preservación de materiales de origen orgánico. Aun así, algunos hallazgos arqueológicos evidencian huellas y restos de materiales perecederos, algunos de los cuales continúan siendo empleados por grupos culturales herederos de la tradición prehispánica. Del maguey (Agave sp.) se emplean fibras para manufactura de morrales, redes y mecapales, entre otros; De milenario uso son los frutos obtenidos de árboles y plantas, primordialmente la amplia variedad de comidas y bebidas elaboradas con maíz (Zea mays) y cacao (Theobroma cacao). Las tuzas, resultado del secado de mazorcas de maíz, son utilizadas en la cocina y sirven también para elaborar canastos y sombreros. El algodón (Gossypium arboreum) cultivado en la Costa Sur, ha sido empleado para elaborar vestimentas por más de 20 siglos. Las resinas de algunos árboles son aprovechadas como incienso de aroma sagrado, mientras que algunas semillas constituyen ornamentos diversos. En contextos arqueológicos destacan la cantidad de huesos, tanto animales como humanos, muchos de ellos tallados e incluidos en suntuosas ofrendas. Con igual finalidad fueron depositadas las prestigiosas garras de jaguar (Panthera onca) y otras ofrendas de origen animal que pueden distinguirse en las escenas de vasijas pintadas y esculturas labradas, en estas últimas sobresalen las largas plumas de quetzal (Pharomachrus mocinno). La diversidad de maderas disponibles igualó la variedad de usos posibles, en construcciones destaca el Chicozapote (Manilkara zapota) utilizado en talla de dinteles; otras maderas fueron empleadas en la elaboración de instrumentos musicales o máscaras de danzas tradicionales. Una compleja técnica aprovecha frutos como el morro (Crescentia alata), que son tallados y pintados para representar escenas de la vida cotidiana y sagrada en la región de Rabinal, Baja Verapaz.

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    PERÍODO PALEOINDIO

    POBLAMIENTO DEL CONTINENTE AMERICANO

    Entre la fauna que vivía entonces en América, existían numerosos géneros y especies de grandes mamíferos, hoy desaparecidos. Esta megafauna incluía, entre otros, mamuts, mastodontes, gonfotéridos (animales de la orden de los proboscidios, como los mamuts y mastodontes), armadillos y perezosos gigantes, bisontes, caballos, osos, y smilodones (los "tigres de dientes de sable").

    Es a aquella época que se remonta la presencia humana en América. Hoy, los sitios más antiguos del continente, entre los cuya datación se beneficia con un amplio consenso en la comunidad científica, tienen entre 15,000 y 16,000 años, y están ubicados en Estados Unidos. Dataciones más antiguas fueron propuestas para varios sitios, tales como Meadowcroft, en Estados Unidos (19,000 años), Tlapacoya, en México (24,000 años), Old Crow, en Canadá (25,000 años) y Pedra Furada, en Brasil (50,000 años). Sin embargo, estos casos suscitan ásperas controversias, en cuanto a la validez de las fechas obtenidas y/o el carácter artificial de los objetos concernidos.

    El lugar de origen de los primeros americanos también suscita debates, aunque una gran mayoría de los especialistas lo sitúan en Siberia (Federación de Rusia), basándose en datos arqueológicos, lingüísticos y biológicos.

    El hombre moderno (Homo Sapiens) habría empezado a colonizar Siberia hace aproximadamente 40,000 años. De esa región asiática, habría entrado al Nuevo Mundo aprovechando el "Puente de Beringia", un istmo que unía Asia a Norteamérica durante el último periodo glacial. La llegada del hombre a América marca el inicio del período Paleoindio, que finaliza en el VIII milenio a. C., precediendo el período Arcaico. Las sociedades paleoindias formaron una variedad de culturas, que se distinguen especialmente por sus herramientas de piedra. La más famosa de estas culturas es, sin duda, la de Clovis; su característica punta de proyectil, acanalada y de forma lanceolada, se ha vuelto un objeto emblemático de la América paleoindia.

    La cultura Clovis floreció del sur de Canadá hasta el norte de Venezuela, entre 13,300 y 12,800 antes del presente. Otra gran tradición continental, parcialmente contemporánea con la de Clovis, es representada por las puntas del tipo Cola de Pescado, que se difundieron entre la Patagonia y el estado mexicano de Chiapas. Cabe precisar, sin embargo, que estas puntas y sus contextos arqueológicos revelan una gran diversidad, incitando a ciertos investigadores a dudar de que puedan pertenecer a una misma entidad cultural. Se conocen hoy miles de sitios paleoindios, de Alaska a la Tierra de Fuego. Los artefactos que revelaron son principalmente de piedra, pero también de hueso, marfil y madera. Además de las puntas, este mobiliario incluye, entre otros: láminas, cuchillos, raspadores, raederas, buriles y objetos exhibiendo intrigantes grabados.

    La mayor parte de los sitios paleoindios son, en realidad, lugares de hallazgos aislados. Pero se conocen también numerosos campamentos, así como lugares de matanza de megafauna (sobre todo, de mamuts, mastodontes y bisontes), escondites de herramientas terminadas o esbozadas (asociados, generalmente, a la cultura Clovis, en Norteamérica), sepulturas, y sitios de arte rupestre, con petroglifos o pinturas.

    De este legado, se deduce que las sociedades paleoindias eran extremadamente móviles; sus desplazamientos fueron facilitados por la navegación, como lo demuestran, en particular, campamentos encontrados en islas. Al mismo tiempo, adquirieron un profundo conocimiento de su medio ambiente. Su subsistencia estaba basada en la cacería, la pesca y la recolección de pequeños animales y plantas, aunque su dieta varió notablemente a través del espacio y del tiempo. En Sudamérica, la domesticación de las plantas podría haber empezado hace unos 10,000 años.

    Obviamente, las poblaciones paleoindias estaban organizadas en grupos familiares, clánicos o tribales, pero la naturaleza de las relaciones que se establecieron entre los grupos es difícil por determinar. Sin embargo, se puede suponer la existencia de activas prácticas de intercambios, de las cuales debía depender la supervivencia misma de la especie humana en el Nuevo Mundo. Los grupos paleoindios realizaban también actividades rituales, que implicaban el uso de ocre rojo, como en la Europa y el Asia del Paleolítico Superior (35,000-10,000 antes del presente). Sus religiones permanecen envueltas en el misterio, pero incluían, en todo caso, la creencia en una vida después de la muerte.

    LA GUATEMALA PALEOINDIA

    Periodo Formativo en Guatemala

    Durante la glaciación de Wisconsin, Centroamérica lucia muy diferente. Según los trabajos de Dolores Piperno y Deborah Pearsall, las temperaturas estaban entonces inferiores de 5 a 7 °C, y las precipitaciones anuales, de 25 a 50 %, de lo que están en la actualidad. Las cumbres de los volcanes más altos de Guatemala estaban probablemente cubiertos con nieve, y el mar se encontraba a decenas o cientos de kilómetros más allá de las costas actuales de Centroamérica. Además, a causa del clima y de las menores concentraciones de CO² en la atmosfera, los bosques eran menos extensos y menos densos que en la actualidad. Gran parte de la costa y la vertiente del Pacifico del istmo, de Petén y Belice, ofrecía paisajes compuestos de pequeños bosques espinosos, maleza y sabana.

    En cuanto a la megafauna que vivía en Centroamérica durante el Pleistoceno Superior, incluía, entre otros, mamuts, mastodontes, gonfotéridos, perezosos y armadillos gigantes, caballos y osos. La relación que unía el hombre a estos animales en la región es muy poco documentada.

    Hasta la fecha, entre el Estado mexicano de Chiapas y Panamá, se han registrado 43 sitios paleoindios: lugares de hallazgos aislados y campamentos, a veces asociados con canteras. El campamento más extenso conocido en la región es el de Turrialba, en Costa Rica: se extiende sobre 10 hectáreas, y reveló más de 28,000 artefactos líticos. La cronología absoluta de las ocupaciones paleoindias de Centroamérica permanece muy limitada; por el momento, "sólo" se remonta a unos 13,000 años atrás Este patrimonio puede parecer modesto, pero reviste, para la investigación arqueológica, un interés crucial. En efecto, Centroamérica fue la primera región donde los grupos paleoindios se adaptaron a entornos tropicales, antes de seguir su expansión hacia Sudamérica, donde desarrollaron numerosas y prolíficas culturas.

    Por otra parte, el istmo vio el encuentro de dos grandes tradiciones continentales de la América paleoindia: la cultura Clovis, que floreció entre el sur de Canadá y el norte de Venezuela, de 13,300 a 12,800 antes del presente; y la tradición de las puntas Cola de Pescado, que se difundió entre la Tierra de Fuego y Chiapas, y fue parcialmente contemporánea con la cultura Clovis.

    Después de Panamá, Guatemala es el país de Centroamérica donde se han reportado más sitios paleoindios. La historia de las investigaciones sobre las ocupaciones del Pleistoceno comienza allí, discretamente, en los años 1940. El paleontólogo norteamericano Barnum Brown realizaba, entonces, un estudio de los restos de megafauna que habían aparecido en el área del Río Las Pasión. En un hueso de un perezoso gigante, observó tres cortes en forma de V, que le parecieron ser artificiales. En 1956, una punta de proyectil de tipo Clovis, admirablemente tallada, fue encontrada por un paseante cerca de la residencia San Rafael Las Hortensias, en Mixco.

    A finales de la década siguiente, una punta Clovis que habría sido retrabajada para obtener un buril y un raspador, fue recolectada en Piedra Parada, al este de la Ciudad, en el transcurso de un reconocimiento del proyecto Kaminaljuyu, de la Universidad de Pensilvania; no se le pudo asociar ninguna herramienta paleoindia. Otra punta Clovis fue identificada en la colección privada que constituyó el fondo original del Museo Popol Vuh (Ciudad de Guatemala), en 1978; proviene de la zona de Nahualá (Sololá).

    En el mismo año 1978, una identificación más audaz, pero verosímil, fue propuesta por Warwick Bray, quien interpretó la descripción de una antigüedad indígena, en una relación histórica redactada por Fray Francisco Ximénez en 1722, como la de una punta Clovis.

    Pero los objetos paleoindios aparentemente aislados no son todos puntas de proyectil: un artículo publicado por Luis Enrique Salazar en 1996 se refiere a "una lasca de obsidiana trabajada en una cara, localizada en Labor San Jorge y fechada 9,525 +/- 258 a. C."

    Por lo demás, vestigios de campamentos paleoindios han sido descubiertos en Chujuyub (Quiché), Chajbal (Quiché), Chivacabé (Huehuetenango), la Piedra del Coyote (Totonicapán) y Los Tapiales (Totonicapán). Consisten en núcleos, lascas, y herramientas variadas. Aparte de la Piedra del Coyote, cada uno de los referidos sitios ha revelado una punta Clovis.

    El campamento mejor estudiado es el de Los Tapiales, ubicado en un paso montañoso, en una altitud de 3,150 m. Entre 1969 y 1973, Ruth Gruhn y Alan Bryan, de la Universidad de Alberta (Canadá), excavaron en el lugar una superficie de 244 m². Hallaron un material lítico conformado por 1458 lascas, 6 núcleos y un centenar de artefactos formales: una base de punta Clovis, bifaciales, unifaciales, buriles, raspadores, raederas, laminas y lascas retocadas. Las dataciones por radiocarbono obtenidas para Los Tapiales van hasta unos 13,000 años antes del presente, haciendo de este sitio el más antiguo de Guatemala (entre los que han sido objeto de dataciones absolutas).

    Los datos arqueológicos sugieren que Los Tapiales fue ocupado, durante algunos días, por un reducido grupo de personas. Estas se dedicaron a varias actividades, que incluían el mantenimiento de las herramientas de piedra, y probablemente también, el procesamiento y trabajo de las pieles, el hueso y la madera. Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad que varias ocupaciones muy limitadas se hayan sucedido en este sitio, tal vez hasta el período Arcaico..

    Las Puntas de Proyectil

    CHIYACABÉ Y CHAJBAL

    Las puntas de proyectil constituyen el objeto más famoso y emblemático de la América paleoindia. Se determinó que fueron usadas también como cuchillos, pero sus funciones no fueron solamente prácticas. Así, algunos de estos artefactos, hallados en contextos funerarios, sirvieron obviamente en prácticas rituales. Por otra parte, ciertas puntas miniaturas han sido interpretadas como juguetes. Podemos suponer que las puntas poseían un poderoso simbolismo, relacionado con el prestigio conferido por la cacería y el combate.

    A través del espacio y del tiempo, las puntas experimentaron numerosas variaciones formales y tecnológicas. Representan un valioso marcador, para la definición de entidades culturales. En Guatemala, todas las puntas paleoindias que se han encontrado pertenecen a la tradición Clovis: por lo tanto, son acanaladas y de forma lanceolada. Se exhiben dos de estas puntas aquí: las de Chivacabé (Huehuetenango) y Chajbal (Quiché).



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    LA PUNTA DE CHIYACABÉ

    Prosedencia

    La punta de Chivacabé fue descubierta en 1979 por Rafael y Octavio Alvarado Villatoro, en su finca, a unos 8 km al oeste de la ciudad de Huehuetenango. Fue recolectada en la superficie.

    El lugar corresponde al sitio arqueológico de Chivacabé, que fue excavado en varias ocasiones: de 1977 a 1979, por Herb Alexander y Brian Hayden, de la Universidad Simon. Fraser (Canadá), y el geólogo Gary Gates; en 1979, por John Cocks, de la referida casa de estudios; en 1991, por Sergio Ericastilla; y en 2008 y 2009, por Jon C. Lohse y Lorena Paiz. Las excavaciones realizadas en los años 1970 revelaron docenas de artefactos, que incluyen núcleos, lascas, fragmentos de láminas, raspadores, buriles y bifaciales.

    Este material se conserva actualmente en el museo de la finca Chivacabé. No se pudo demostrar su relación con los restos de megafauna sacados a luz en el sector, y que provienen de tres gonfotéridos, un glyptotherium (tipo de armadillo gigante), un équido y un cérvido.

    DESCRIPCIÓN DEL OBJETO
    Dimensiones: Largo: 6 cm; ancho: 3.3 cm; grosor: 0.9 cm.
    Material: Obsidiana de Tajumulco (San Marcos).

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    LA PUNTA DE CHAJBAL

    Prosedencia

    Esta punta proviene fue encontrada en el área de la aldea Chajbal, a unos 3 km al sur-suroeste de Jocopilas, en el departamento de Quiché. Fue recolectada durante un reconocimiento realizado en 1977 y 1978 por Kenneth Brown (Universidad de Houston, Texas, Estados Unidos), en la parte central norte del departamento. Formaba parte de una concentración de artefactos líticos que incluían, entre otros, núcleos, lascas y fragmentos de bifaciales.

    DESCRIPCIÓN DEL OBJETO
    Dimensiones: Largo: 8.1 cm; ancho: 3.5 cm.
    Material: Basalto de grano fino, procedente de Quiché.